Aprender a vivir (Video)

Aprender a Vivir

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LEY DE LA REPETICION

Es la práctica la que hace al maestro. Frente a las inmensas posibilidades de la consciencia humana, cualquier tiempo dedicado a su entrenamiento es realmente poco, máxime cuando las metas que se han fijado son elevadas. Sabemos que usualmente sólo se explota un cuatro (4%) por ciento de las potencialidades del ser. Gracias al entrenamiento mental a través de los métodos aquí sugeridos como principal instrumento, podemos aumentar considerablemente este porcentaje en función de conquistar un objetivo básico: una vida colmada de paz, amor y felicidad duraderos. Esta ley dista mucho de ser una repetición monótona y sin consciencia de su sentido como la realizada a manera de “mantras” (palabras o frases supuestamente sagradas que entretienen temporalmente los procesos conscientes). En el entrenamiento de consciencia se trata de la repetición de procedimientos psicofísicos que activan las fuerzas auto curativas de la mente, el intelecto, el subconsciente y la memoria celular, al mismo tiempo que despierta la sabiduría intuitiva y moviliza los recursos internos ordenadamente de tal manera que emerjan los valores esenciales y nuevos hábitos positivos se desarrollen fácilmente.

Las adversidades vienen para robar lo que hay de bueno en el ser. Una disciplina existencial que posibilite fortalecerme cada día más, no solamente me mantendrá invulnerable frente a la negatividad que reina a mí alrededor, sino que me convertirá en una fuente de inspiración para los demás en el sentido de llevar una vida plena y feliz.

Sin embargo, en la aplicación de esta ley, muchas personas encuentran obstáculos. La pereza mental toma a su presa y le inmoviliza su capacidad de auto superación. Hacen presencia, entonces, los viejos hábitos de dar excusas, de aplicar la ley del menor esfuerzo de una manera deshonesta, de sentirse cómodo en el dulce sueño de la ignorancia, imitando al avestruz que esconde la cabeza en la arena con la pretensión de evadir al enemigo. Es más fácil tomarse un medicamento, entregarse a un masajista, recurrir a una sustancia psicoactiva o llorar sobre los hombros de un siquiatra que asumir el mando de la existencia, y valientemente reconocer la responsabilidad que se tiene frente a la salud y la felicidad.

La ley de la repetición nos exhorta a entrenarnos constantemente. Perseverancia se hace necesaria. Generalmente, después de veinte (20) repeticiones en la aplicación de las técnicas explicadas en este texto se rompe la resistencia del intelecto a aceptar el nuevo condicionamiento positivo.

Estas técnicas también se pueden aplicar a las diferentes especialidades deportivas con el fin de obtener resultados valiosos para el individuo deportista; ante todo, para que crezca en dignidad y que al final de su papel como deportista no se convierta en un desecho de la sociedad. Igualmente, han demostrado su gran valor a nivel empresarial en el desarrollo de la personalidad de los ejecutivos, los empleados, los trabajadores y sus respectivos familiares. Pero más significativo aun es el efecto que produce a nivel de la salud.

Es ideal buscar un sitio cómodo, silencioso y ojalá natural y con poca luz. Sin embargo, la meta es llegar a ser capaz de relajarnos y estar en paz en cualquier lugar, circunstancia y posición corporal. Es bueno que nuestras ropas se encuentren flojas y que no causen molestia por ningún motivo. También se sugiere realizar el entrenamiento después de ducharse.

Grabar las técnicas en casetes, adaptarlas según la necesidad y enriquecerlas con más detalles facilita su aplicación. También se encuentran muchas en el mercado ya grabadas y con música de fondo. Cursos que dan soporte al proceso también son dictados por expertos.

LOS NIÑOS: La garantía del futuro.

La atención que se le preste al niño en todo su proceso de desarrollo mental y físico, nunca es lo suficiente, ya que ellos son la garantía de la supervivencia de nuestra cultura. Es en ellos, a través del milagro de la vida y de capacidad de consciencia, a quienes se transmite y delega el patrimonio de la historia. Los niños que se entrenen por estos métodos y otros que hayan de venir, sentirán con mayor evidencia que en nuestra propia generación hay la necesidad de respetar una moral biológica y de ejercer la libertad dentro de los parámetros que impone la vivencia de los correctos valores. Sabrán que el futuro es voluntario y que al reforzar las estructuras vírgenes de la consciencia, podrán conquistar la auténtica libertad de la existencia.

Según los médicos, entrenados para combatir las enfermedades, es más fácil y aparentemente rentable, administrar un tranquilizante, ansiolítico o miorelajante, ante los cada vez más comunes estados de nerviosismo, ansiedad y tensión de tantos niños normales, que esforzarse en educar en edades tempranas las propias capacidades de autotranquilización, autocontrol emocional y autorelajación física, máxime si se tiene en cuenta que la gran receptividad del niño en razón de sus características neuropsíquicas, le predisponen a una gran capacidad de aprendizaje, a comprender mejor las situaciones vivenciales más que los conceptos verbalizados y a la necesidad, por su inmadurez, de recibir estímulos específicos con los que pueda desarrollar las capacidades antes mencionadas y otras muchas facilidades con este método, como las de autoconcepto, autoseguridad, autosociego, memorización, atención, concentración, integración del esquema corporal, ajuste de los procesos de socialización, etc., capacidades que progresivamente van madurando gracias a la toma de consciencia más imparcializada de la información proveniente de su mundo interior y exterior, de las que emanarán profundos sentimientos de uno mismo, permitiendo, al margen de las causas que originaron la perturbación o la inmadurez evolutiva que se padezca, favorecer un progresivo refuerzo de la personalidad; que no es otra cosa que la primera meta que se persigue.

Siendo la terapéutica una faceta muy importante, lo es mucho más sin duda la dimensión preventiva y educacional que se busca y consigue con el entrenamiento de consciencia. El reconocido científico español Miguel Guirao, dice lo siguiente refiriéndose a la educación de los niños: “El refuerzo del positivo (corporal y espiritual) es importante para su esquema corporal que es tanto como decir estructuración mental. Siempre tiene el hombre capacidad para incrementar su mente de valores pero la niñez es un período especialmente trascendente que justifica la razón de la aplicación de las técnicas de entrenamiento de la personalidad a los niños. Cuando el niño está construyendo su esquema corporal o mental, cuando todavía su cuerpo está lleno de vigor y su mente de confianza e ilusión, hay materia prima a flor de su corporalidad para hacerle sentir su cuerpo, conocerlo y hacerlo su amigo. Con el entrenamiento, su mente estimula sus neuronas que es como llenarlas de “estrellas” que van a iluminar su camino. Desde joven sabrá refugiarse en la armonía de su cuerpo y huir, a ratos, de la desarmonía exterior, o sabrá buscar desde él la paz de la naturaleza para identificarse con ella. Hay que robustecer su esquema corporal ayudándole, además, a continuar ese importante compromiso que no acaba ni con la ancianidad, etapa esta que también cubre la metodología de entrenamiento de consciencia adoptando técnicas de apoyo al anciano en los problemas propios de la edad”.

ANCIANIDAD: Un Reflejo de Dignidad

El entrenamiento del anciano conduce a una toma de consciencia de la realidad de la existencia en su dimensión de dignidad, reconociendo sus valores y su eternidad. Envejecer, llegar a la “edad de oro”, no significa ponerse enfermo. Para las personas que se encuentran en la tercera o cuarta edad, es importante seguir manteniendo una integración armónica a nivel psicofísico, lo que garantizará un cerebro más vivo y alerta, favoreciendo la vigencia de sus capacidades.

Se ha dicho, “los mayores son, sencillamente, niños con piel envejecida”. Esta frase confirma la realidad de la eternidad del alma o núcleo de la personalidad; la cual no tiene edad, así como no tiene sexo. Sólo cuando el ser se identifica con su instrumento corporal, es que se impone restricciones, se limita. No obstante, la cara del viejo refleja la madurez de la consciencia, su dignidad y su trascendencia de una manera más explícita.

La grandeza de la consciencia es su eternidad. Las religiones tienen ese papel de iluminar el camino al encuentro supremo con la eternidad y con la divinidad, el Supremo responsable de la existencia. Es un deber de todos promover un cambio de actitud con respecto a esta etapa de la vida, la cual no es un descenso penoso hacia el final, sino el acercamiento a un nuevo comienzo.

Básicamente, las técnicas para el anciano están orientadas a evitar el prematuro deterioro mental y físico y el sufrimiento innecesario del viejo; para que éste pueda adaptarse de forma equilibrada a los cambios permanentes. Igualmente motiva su integración a la familia y a la sociedad como su derecho inalienable, gozando de la consideración suficiente para que mantenga su bienestar total.

El anciano fácilmente pierde su autoestima, sintiendo más fuerte la necesidad de afecto. En el anciano, también se presentan las enfermedades funcionales, las cuales, si son tratadas con medicamentos únicamente, acelerarán su proceso de deterioro. Recuerde: todo medicamento es un veneno en sí.

También se debe preparar al hombre para morir con el menor miedo posible. Hemos de aprender a vivir la muerte positivamente a cambio de morir durante nuestra vida. Pero, ¿por qué tan pocos medios investigan este asunto? La razón es que esto nunca se enseña en la facultad de medicina. Se aprende sobre el nacimiento, el cáncer y muchas otras enfermedades, pero nunca sobre cómo cuidar de alguien que está muriendo.

Es debido a la ignorancia respecto al proceso de la muerte que se padece ese temor y agonía dolorosa. Tenemos que enseñarle a todos unos métodos que les prepare de antemano para morir dignamente, especialmente al viejo y al moribundo.

La muerte debería ser una experiencia positiva y, quizás, el mejor momento de nuestra vida. Es importante morir dignamente, con pleno conocimiento y no atiborrado de drogas.

La muerte no debería ser una consecuencia de la enfermedad. Deberíamos nacer, ordinariamente, con buena salud y seguir sanos durante toda nuestra vida.